Daniel Mota Rojas, Neurofisiología del estrés y bienestar en animales domésticos y silvestres. División de Ciencias Biológicas y de la Salud. DPAA. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). dmota100@yahoo.com.mx

Karla Flores Padilla. Grupo selecto de estudiantes de MVZ y Posgrado. Área de Neurofisiología del estrés y bienestar de los animales domésticos y silvestres. UAM.

Fabiola Torres Bernal.Grupo selecto de estudiantes de MVZ y Posgrado. Área de Neurofisiología del estrés y bienestar de los animales domésticos y silvestres. UAM.

Selene Rodríguez Salinas. Comportamiento materno de la yegua y desempeño del potro. Neurofisiología del estrés y bienestar en animales domésticos y silvestres. División de Ciencias Biológicas y de la Salud. DPAA. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Karina Lezama García. Programa de Posgrado en Ciencias Veterinarias (Doctorado). Comportamiento materno en especies altriciales. Área de neurofisiología del estrés y bienestar de los animales domésticos y silvestres.UAM.

Brenda Reyes Sotelo. Programa de Posgrado en Ciencias Veterinarias (Maestría). Área de neurofisiología del estrés y bienestar de los animales domésticos y silvestres.UAM.

Introducción

Una vez que se da la expulsión fetal, la madre remueve el fluido amniótico que cubre al neonato lamiéndolo.

Las pérdidas de calor de la cría por conducción debido al lamido del fluido amniótico, es reducido.

La actividad de acicalamiento (aseo) inicia progresivamente en el dorso del neonato y hacia la cabeza, áreas ventrales y miembros.

Durante el acicalamiento, la madre inevitablemente dispersa cantidades considerables de saliva sobre la superficie de sus neonatos. Ésta se seca rápidamente y despide un olor de feromonas familiares que le permitirán posteriormente identificar a su cría. Después del acicalamiento la madre tiene que aprender a identificar a su cría.

El reconocimiento olfatorio, gustativo, visual y auditivo establece el reforzamiento progresivo de la vinculación entre la madre y su camada o cría y viceversa.

La madre mantiene una íntima asociación con el recién nacido por medio de la vocalización, el olfato y la vista, para asistir y proteger a las crías.

Una vez concluido el periodo de expulsión, la hembra inicia su comportamiento maternal mediante el cuidado, lamido y establecimiento de la relación con la cría, a este proceso se le llama también vínculo o impronta materna (Abitbol y Inglish, 1997). La impronta ha sido un aprendizaje ampliamente estudiado y ha llevado a desarrollar diferentes conceptos intentando definirla. El término fue acuñado por Konrad Lorenz quién define la impronta como un aprendizaje temprano, que es adquirido durante un período limitado, durante la fase neonatal de los seres vivos (Mandujano-Camacho, 2010).

Fraser (1980) definió la impronta como la fijación rápida y permanente entre el animal y un objeto notorio de su entorno. Sin importar qué tipo de término se elija para definirla, se debe considerar que cuando se lleve a cabo, tendrá una etapa crítica en la cual, la interacción humana o de algún otro estímulo externo, podría representar la ruptura o la impronta errónea, ya sea de la madre a la cría o de la cría hacia la madre, conduciendo a serios problemas, no solamente reproductivos, sino también sociales o conductuales en el caso del neonato o el rechazo de la madre hacia su cría por la falta de reconocimiento del mismo (Madigan et al.,2006). Esto implicaría una disminución en la supervivencia del recién nacido o problemas en su adultez (Galef y Laland, 2005), por ejemplo, problemas en el grupo donde se desarrolle (en caso de animales gregarios), esto se atribuye a que durante esta etapa, no recibió la información necesaria de su medio o sus congéneres para saber cómo comportarse o cómo actuar ante situaciones que ameritan un conocimiento previo (Laland, 1994;Langmore, 1998). Si desea profundizar sobre el rompimiento de la relación madre-cría o sobre animales huérfanos y técnicas de adopción, consulta el capítulo 16 “Incrementando el bienestar animal a través de la etología” del Dr. Agustín Orihuela en el libro [Bienestar animal, una visión global en Iberoamérica]. Editorial Elsevier 2016. Ver portada en la Figura 1.

Figura 1. Portada del Libro Bienestar Animal. Los editores: Daniel Mota Rojas (México), Antonio Velarde Calvo (España), Stella Maris Huertas (Uruguay) y María Nelly Cajiao (Colombia). ©Elsevier España -2016.Puedes consultar el libro para leer más detalles sobre el bienestar y comportamiento animal de pequeñas especies, animales de granja, zoológico, delfinarios y temas controversiales como el toro de lidia, métodos de eutanasia, uso de animales en experimentación, bienestar animal y productividad en aves, cerdos, vacas lecheras, métodos de aturdimiento en animales de granja y consumo ético de la carne entre muchos otros capítulos. https://tienda.elsevier.es/bienestar-animal-9788491130260.html

Para los padres, el reconocimiento de la descendencia favorece el cuidado hacia sus propias crías, limita su gasto de energía y asegura su éxito reproductivo. Además, para las crías, el reconocimiento de los padres es esencial para su propio bienestar y supervivencia, ya que, en la mayoría de las especies gregarias, las madres solo alimentan a sus propios descendientes (Charrier et al., 2003). Asimismo, durante los primeros meses de vida, son las madres de todas las especies de mamíferos las que constituyen el contacto social más importante para sus crías, ya que facilitan además del alimento y cuidados, la adquisición de información sobre los entornos físicos y sociales (Coulon et al., 2011), realizando modificaciones de acuerdo a la etapa de crecimiento de las crías, permitiendo adquirir nuevas nociones de comportamiento para su etapa adulta (Manabi et al., 2017). Por ello y con el fin de garantizar la sobrevivencia de los recién nacidos, se debe desarrollar el vínculo MADRE-CRÍA que tiene lugar durante e inmediatamente después del parto.

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